Prevención del suicidio desde la comunicación: por qué necesitamos tender Puentes
Puentes nace tras varios años de investigación, trabajo asociativo y formación para responder a una pregunta: ¿cómo conseguimos que la prevención del suicidio forme parte de toda la cadena de comunicación?
Cuando comenzamos la investigación, La Niña Amarilla llevaba casi dos años en marcha. Desde la asociación ya habíamos comprobado que la comunicación era una pieza fundamental para la prevención del suicidio y veíamos necesario conocer mejor qué estaba ocurriendo en los medios para seguir desarrollando esta línea con una base sólida, más allá de nuestra intuición y experiencia.
Así comencé a investigar cómo estaban informando los medios de comunicación sobre el suicidio. Me interesaba saber si aquel silencio casi absoluto que durante décadas había rodeado el tema empezaba a romperse y, sobre todo, qué ocurría cuando los medios decidían hablar. El informe El tratamiento del suicidio en los medios de comunicación de la Comunitat Valenciana (2018-2021), realizado para la Unió de Periodistes Valencians, analizó 312 piezas publicadas o emitidas por trece medios.
Avances de manera desigual
La investigación permitió observar avances. El suicidio aparecía cada vez más en la agenda informativa, había salido casi por completo de la sección de Sucesos y comenzaba a abordarse desde Sociedad, Salud, Política, Educación, Cultura o Deporte. Se incorporaban nuevas fuentes, testimonios y contenidos preventivos.
Sin embargo, la evolución era desigual. Junto a piezas rigurosas seguían apareciendo simplificaciones, detalles innecesarios, ausencia de recursos de ayuda o enfoques construidos con demasiada prisa.
En aquel momento, mi mirada estaba casi pegada a las redacciones. La pregunta era clara: ¿qué necesitan las y los periodistas para informar mejor sobre el suicidio?
Hablar, sí. Pero no de cualquier manera
Todavía hay mucha gente que desconoce por qué la comunicación sobre el suicidio requiere un cuidado especial.
Del efecto contagio al efecto preventivo
El temor al efecto contagio no surgió de la nada. La evidencia ha mostrado que una cobertura sensacionalista, repetitiva o excesivamente detallada puede aumentar el riesgo entre personas que atraviesan una situación de especial vulnerabilidad. Es lo que conocemos como efecto Werther.
Por eso se recomienda no describir métodos ni lugares, no difundir notas personales, evitar explicaciones basadas en una única causa y extremar el cuidado ante la muerte de personas conocidas. La Organización Mundial de la Salud actualizó en 2023 sus recomendaciones para profesionales de los medios, insistiendo tanto en la reducción de prácticas de riesgo como en el valor de las historias de afrontamiento.
Pero el silencio tampoco ha demostrado ser una estrategia preventiva.
El estudio que acuñó en 2010 el término efecto Papageno relacionó los relatos sobre cómo afrontar una crisis suicida con una posible reducción de las muertes por suicidio. Una revisión y metaanálisis posterior encontró que las historias de esperanza y recuperación pueden reducir la ideación suicida entre personas vulnerables, aunque la evidencia sobre su efecto en la búsqueda de ayuda todavía es insuficiente.
Cuando el suicidio se presenta con contexto, fuentes adecuadas, alternativas, recursos de ayuda e historias de afrontamiento, la comunicación puede ampliar las posibilidades que percibe una persona en crisis. Es el denominado efecto Papageno o efecto preventivo.
En España, el paso más reciente ha sido la elaboración de la Guía rápida Cómo informar sobre el suicidio y el Decálogo de recomendaciones para profesionales, desarrollados por el Grupo de Trabajo en Comunicación y Suicidio impulsado por el Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad. Los materiales pueden consultarse y descargarse en Recomendaciones para informar sobre el suicidio de forma preventiva

Entre el silencio y el ruido existe un espacio enorme.
Ahí se sitúa la comunicación preventiva. El posgrado en Suicidio: conocimiento, prevención y actuación en entornos psicosociocomunitarios de la EHU me obligó, además, a desconfiar un poco de los mantras. Incluso de los bienintencionados.
“Hay que hablar del suicidio” es una frase necesaria, pero incompleta. Hablar no previene por sí solo. Importa cómo se habla, quién lo hace, desde qué conocimiento, a quién se dirige el mensaje y qué alternativas ofrece.
Una comunicación improvisada puede repetir mitos, individualizar el sufrimiento o convertir una muerte en una historia cerrada, con una causa aparentemente sencilla. Una comunicación preventiva intenta ampliar el foco y reconocer que en la conducta suicida interactúan factores biológicos, psicológicos, sociales, relacionales y comunitarios.
La prevención empieza antes de llegar a la redacción
Durante la investigación y el trabajo diario en La Niña Amarilla apareció una idea que terminó siendo central. Una noticia puede empezar a construirse mucho antes de que llegue a manos de una periodista.
Antes de la noticia hay muchas decisiones. Una administración presenta un plan. Una entidad social organiza una campaña. Una universidad publica una investigación. Un ayuntamiento comunica un programa. Un gabinete redacta una nota de prensa, elige un titular, selecciona los datos, propone las declaraciones y adjunta las imágenes.
Todo eso llega después a una agencia o a una redacción.
El primer eslabón también comunica
Cuando el enfoque preventivo ya está incorporado en el origen, la periodista encuentra contexto, fuentes, recursos y preguntas relevantes. Cuando la información llega simplificada o con elementos de riesgo, la redacción tiene que detectarlos y reconstruir el relato. Y sabemos que las redacciones no van precisamente sobradas de tiempo.
No suena tan vistoso como una gran campaña, pero una nota de prensa bien planteada puede evitar errores que después se reproducen en cadena. Por eso la formación en prevención del suicidio, además de dirigirse a periodistas de redacciones, tiene que llegar a gabinetes de instituciones públicas, ayuntamientos, universidades y entidades sociales; a agencias de comunicación; a personal técnico y a quienes elaboran los primeros materiales informativos.
En La Niña Amarilla ya trabajamos esta formación con profesionales, centros educativos, familias y comunidad universitaria, así como entidades sociales y ayuntamientos, a través de nuestros proyectos para la prevención del suicidio.
De la investigación a Puentes
Puentes nace de la suma de varios aprendizajes.
La investigación aportó el diagnóstico. La Niña Amarilla permitió conocer las necesidades de medios, asociaciones, testimonios, profesionales y administraciones. El trabajo en comunicación mostró las dificultades reales para convertir una recomendación general en una pieza concreta. El posgrado amplió la mirada hacia los determinantes sociales, los vínculos, la acción comunitaria y la necesidad de coordinar sistemas que suelen trabajar por separado.
De ese recorrido surge Puentes. Diseño de un dispositivo de intermediación en comunicación preventiva sobre suicidio, mi trabajo final del posgrado.
Puentes se ha diseñado como una estructura de conexión entre entidades sociales, administraciones públicas, medios, agencias, gabinetes, profesionales y ámbito académico. Su finalidad es facilitar que el conocimiento circule entre estos espacios y pueda incorporarse a las rutinas comunicativas antes de que llegue la urgencia.
La propuesta reúne formación, asesoría, intermediación, observación y desarrollo de herramientas prácticas.

La propuesta reúne cuatro líneas de trabajo.
La primera es la formación aplicada. No una sucesión de recomendaciones aprendidas de memoria, sino sesiones adaptadas a las decisiones que toma cada agente: cómo presentar datos, redactar una nota de prensa, preparar una campaña, seleccionar testimonios, responder ante una muerte reciente o plantear una noticia preventiva.
La segunda es la asesoría y la intermediación. Puentes prevé revisar materiales, resolver consultas, facilitar fuentes especializadas y crear espacios estables de interlocución entre medios, instituciones y entidades.
Salimos de memorizar una sucesión de recomendaciones para entrar en poder aplicarlas en situaciones reales.
La tercera es un observatorio de comunicación y suicidio que permita analizar la evolución de la cobertura, identificar vacíos, reconocer buenas prácticas y comprobar si la formación se traduce en cambios. El conocimiento generado alimentaría un laboratorio narrativo orientado a transformar lo aprendido en propuestas utilizables.
Y aquí aparecen las fichas Puentes, en la cuarta línea, el laboratorio narrativo que está orientado a transformar ese conocimiento en propuestas utilizables.
Las fichas Puentes: bajar la teoría a tierra
Quizá la parte más innovadora de Puentes sean las fichas del laboratorio narrativo.
Una guía de treinta páginas puede ser rigurosa y necesaria. Pero cuando no tienes formación específica, te llega una información sobre la muerte por suicidio de una persona que no era pública, otros medios ya la están replicando y son las 20:47, probablemente hace falta algo más directo.
Las fichas no sustituyen la formación. Ayudan a poner en contexto, localizar riesgos, encontrar fuentes y ordenar las preguntas que conviene hacerse antes de publicar.
Su función es aterrizar el conocimiento cuando hay tiempo para planificar y cuando la urgencia informativa ya está encima.
Las noticias pretexto
El primer banco reúne quince propuestas para activar noticias preventivas sin esperar a que se produzca una muerte. Son noticias pretexto: piezas que aprovechan una investigación, una política pública, una efeméride, un proyecto cultural o una realidad social para informar sobre prevención sin depender de un caso concreto.
Permiten hablar de factores de riesgo y protección, recursos y respuestas institucionales antes de que una muerte coloque el suicidio en la agenda.
Cada ficha parte de un tema, formula una pregunta pública, identifica fuentes de distintos ámbitos, propone un enfoque preventivo, incorpora recursos y señala qué respuestas institucionales deberían investigarse.
Entre los temas aparecen la continuidad asistencial después de un intento de suicidio, la sobrecarga de cuidados, la soledad no deseada, la pérdida de redes durante los procesos migratorios, las violencias continuadas o la coordinación entre servicios sociales, salud, policía local y tejido asociativo.
Esta idea ya aparece en los materiales reunidos en Recomendaciones para informar sobre el suicidio de forma preventiva y en Las 6W de la prevención del suicidio.
Cuando la urgencia ya ha llegado
El segundo banco se dirige a situaciones de muerte reciente y alta presión mediática. Las fichas ayudan a identificar riesgos narrativos, proponen fuentes y posibles reencuadres, recuerdan qué elementos deben evitarse y orientan hacia preguntas de interés público.
No pretenden escribir la noticia ni interferir en la autonomía periodística. Su función es evitar que la prisa se lleve por delante el cuidado.
¿En qué punto estamos?
La conversación pública y mediática sobre el suicidio ya no parte de cero.
Tenemos más guías, materiales actualizados, profesionales formados, asociaciones activas y medios que quieren incorporar la prevención. Pero disponer de una guía no equivale a aplicarla. Aprobar un plan no garantiza recursos, coordinación ni una comunicación sostenida. Una formación aislada tampoco cambia por sí sola las rutinas de una organización.
Además, la atención mediática sigue concentrándose alrededor de determinadas efemérides, nuevos datos, investigaciones, obras culturales o casos con gran repercusión.
Demasiadas veces el conocimiento sigue dependiendo de que una periodista recuerde dónde guardó una guía, conozca a la fuente adecuada o tenga tiempo para localizarla. Las entidades cuentan con información valiosa, pero no siempre saben convertirla en una propuesta periodística. Los gabinetes pueden reproducir fórmulas poco preventivas sin ser conscientes de ello.
Los distintos agentes trabajan. Lo que no siempre hacen es encontrarse.
El siguiente paso
Las recomendaciones existen. Lo que falta es acompañar su aplicación, conectar a quienes generan la información con quienes la publican y observar qué sucede después. Puentes está, por ahora, en papel. Cuenta con un diagnóstico, un modelo de intervención, un piloto de doce meses, un sistema de evaluación y dos bancos iniciales de fichas.
El siguiente paso será ponerlo a prueba. Inshallá. Descubrir qué sirve, qué sobra y qué falta. Corregir. Volver a probar. Seguir aprendiendo.
Recursos de ayuda
Si estás atravesando una crisis suicida o te preocupa alguien cercano, puedes llamar a la Línea 024, un servicio público, gratuito, confidencial y disponible las 24 horas. Ante una emergencia inmediata, llama al 112.


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